Absenta, el hada verde, más que un una bebida alcohólica,

Una bebida rodeada de misterios, leyendas e historias oscuras
Bosques de pinos nudosos, formaciones rocosas caprichosas y musgo acolchado … es el lugar del nacimiento de la absenta, apodado «el hada verde».  Absinthe como se llama en francés “vio el mundo” por primera vez finales del siglo XVIII en Couvet, un pequeño pueblito suizo ubicada en el Val-de-Travers, en el Cantón de Neuchâtel.
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La bebida, hecha de ajenjo, anís, hinojo y otras plantas locales, tenía un nivel de alcohol por volumen que a veces llegaba al 89,9 por ciento y en el siglo XIX, los destiladores en Suiza y en las cercanías de Francia, sobre todo en la ciudad de Pontarlier, comenzaron a comercializar el “hada verde” que despegó y explotó como bomba en los clubes parisinos.
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Era algo más que un una bebida alcohólica, era una reminiscencia de la Belle Époque y de un movimiento cultural y artístico en ese Paris oscuro y luminoso con putas baratas y burgueses degenerados. Un exquisito mundo de contrastes, en el que se podía charlar en un cabaret del nacimiento del psicoanálisis con Freud, debatir sobre el impresionismo con Manet, perder todo el dinero con placer en el Moulin Rouge o morir de sífilis en una zanja como un pobre desdichado más.
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La lista de bebedores es larga, cruzando todos los espectros del arte. Para solo nombrar algunos, Pablo Picasso, Edgar Allan Poe, Charles Baudelaire, Victor Hugo, Édouard Manet, Paul Verlaine, Jack London, Arthur Rimbaud, Ernest Hemingway o Oscar Wilde consumieron la absenta con el fin de lograr un estado que les facilitara la creatividad artística y poética. El escritor francés Gustave Flaubert definió a la absenta como un veneno excelentemente violento. “Un vaso y estás muerto”. Sostenía que “ha matado a más soldados del ejército francés en operaciones al norte de Africa que los beduinos”. Oscar Wilde lo comparaba con una puesta de sol. El poeta Ernest Dowson decía: “El whisky y la cerveza son para tontos. El ajenjo para los poetas”. Las habladurías dicen también que el absenta hizo que Van Gogh se cortó una oreja para ofrecérsela como presente a una prostituta que amaba.
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La prohibición del hada verde
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El punto álgido de la «locura de la absenta» se alcanzó en 1905, cuando Jean Lanfray, un alcohólico de nacionalidad suiza, disparó en estado de embriaguez a su esposa y a dos de sus hijas. El hombre declaró en el juicio que lo hizo porque su mujer se había negado a limpiarle los zapatos. Al parecer, ese día había bebido grandes cantidades de vino, coñac, brandy y crema de menta, pero la culpa recayó sobre las dos copas de absenta que también había tomado. A esto siguió un vendaval de ira “antiabsentista” que consiguió prohibir la bebida en Suiza en 1910, en Francia en 1915 y además en la mayor parte de Europa y Estados Unidos, lo que supuso el inicio de una etapa de clandestinidad.
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Parece que las iglesias (católica y calvinista) tuvieron mucho que ver en la prohibición, ya que las distintas órdenes se financiaban principalmente con sus viñedos y licores, y la absenta era una amenaza comercial, así que es plausible que presionaran al gobierno de turno para que la prohibiera con cualquier pretexto.
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hada verde
«El bebedor de absenta», un famoso Picasso del período azul (un retrato de Ángel Fernández de Soto, amigo de la juventud del artista,) fue vendido 2010 en una subasta en la casa Christie’s de Londres por 34,7 millones de libras.
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Como resultado de la prohibición, los sótanos de las casas del ‘Val-de-Travers‘ se convirtieron en destilerías clandestinas camufladas con mucha maña y la absenta pasó a ser una droga prohibida durante un siglo. El hecho de que encontrara seguidores como Ernest Hemingway solo contribuyó a su estatus mítico. Cuenta una leyenda que sólo una bebida consiguió darle el valor suficiente para saltar al ruedo y torear a un morlaco.
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A pesar de la prohibición, la gente nunca dejó de hacer y beber absenta en el Val-de-Travers. El aislamiento de la región ayudó parcialmente a protegerlo de la supervisión federal y las autoridades locales miraron hacia el otro lado. Pero también es bien conocido en Suiza un hecho real que ocurrió cuando François Mitterrand, presidente de la República Francesa, visitó el país en época de la prohibición y el chef del restaurante donde cenaba aquella noche en Neuchatel, le preparó un postre a la ‘Fée Verte’. Al presidente francés le encantó, naturalmente, pero el chef terminó detenido, juzgado y multado y perdió su trabajo.
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Me recuerdo mi primer “contacto” con el Hada Verde; fue 1978 en el Goliath Stübli (traducido algo como “el quartito de Goliath”) que era “el bar” en mi ciudad natal St.Gallen. Ahí podías encontrar artistas, banqueros, desempleados, hippies, putas y adolescentes como yo. ¡En este entonces, la ley suiza todavía permitía consumir cerveza desde los 14 años! En nuestra mesita estaba sentado un “viejo” llamado Erwin (¡tenía unos 27 años!) que hoy día es una personalidad reconocido en el ramo de la cultura. Él pidió dicha bebida y me enseñó todo el ritual de preparación en un vaso especial llamado Pontarlier: “Viertes el liquido, pones esta cuchara plana con perforación en el borde de la copa, colocas un terrón de azúcar y sobre el derramas lentamente agua fría y así consigues que se forme la llamada louche, un aspecto blanquecino, remueves la mezcla y listo”.  “y si embarazaste a tu novia, le das unos ocho a diez vasos de esta bebida para provocar un aborto”. Bueno, me quedé tan impresionado que en esta noche me robé esa cuchara especial que aparentemente tenía poderes mágicos.
Por uno de esos caprichos de las modas en el mundo globalizado, la absenta volvió a “revivir” y su prohibición se levantó. Claro, ir al supermercado y poner una botella en el carro de compras no tiene el mismo encanto que consumirlo clandestinamente en un lugar como el Goliath Stübli.
hada verde
“Los bebedores de absenta” (1902), de Jean Béraud. Él decidió en 1872 acudir a clases de Léon Bonnat, uno de los artistas más influyentes del momento, ocupando un taller en el barrio de Montmartre, Paris. Al año siguiente dejó el taller para exponer en El Salón, la gran cita anual del arte. Sus primeros temas fueron retratos de hombres, mujeres y niños y e 1876 su obra empiece a destacar con cuadros sobre escenas en las calles de Paris.
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El renacimiento del Hada
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El levantamiento de la prohibición en 2005 marcó el comienzo de una nueva era y la gente ya no tuvo que susurrar cuando hablaban de absenta. Los residentes también lo han aprovechado como una oportunidad para promover su valle. En 2009, una comisión conjunta de Suiza y Francia inauguró el Sendero de Absinthe, una ruta que lleva a los turistas a las destilerías, a los pueblos con encanto y a las posadas en los valles donde se hace la absenta.
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La ruta guía a la gente a un puñado de las fuentes históricas. En su mayor parte, la ubicación exacta de las fuentes en el valle permanece algo oculta, incluso entre los lugareños. Es parte de la tradición y parte del encanto. Junto a la botella hay una pequeña caja de hojalata para donaciones de monedas. Si la botella está vacía, hay un número de teléfono al que llamar, una línea directa que llega a la red de entusiastas locales de absenta. Los que mantienen las fuentes son un pequeño grupo que incluye a los destiladores, el personal de senderos y otros voluntarios como los empleados del museo “La Maison de l’Absinthe”, un museo en Môtiers, al oeste de Suiza, junto a la frontera francesa que abrió en 2014. Ahí a menudo se organiza exhibiciones temporales y talleres.
Se encuentra justo al lado de la casa donde vivió, voluntariamente exiliado, Rousseau, que tampoco le hacía ascos al Hada verde.
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Fuente: Museo La Maison de l’Absinthe, Môtiers, Suiza.
Con información de Museo del Tiempo Tlalpan, A.C. / Markus Frehner
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