Un año en una estrella Michelin, Restaurante Arbidel

 Andrea Barredo Gómez, estudiante queretana de la carrera de Gestión Gastronómica y Arte Culinario de la Universidad Mondragón México (UMx) nos comparte su experiencia. 

No sé cómo empezar a contar la historia de mi año en España. Podría ser por cuando inicié a buscar los restaurantes que me interesaban para trabajar en ellos, como me enamoré de Ribadesella y del restaurante en el que fui aceptada: el estrella Michelin Arbidel. Los tramites, conseguir los papeles, la visa, el seguro, el boleto. Todo lo que pasó fue entre lento y al final tan rápido que casi no me di cuenta.

 

Al llegar a España, no cabía en mí por la emoción de trabajar en un restaurante con estrella; después de lo que había hecho estaba segura de que estar en el Arbidel era lo que necesitaba. Siempre he dicho que todo se acomoda y que no fue casualidad nada de lo que ha pasado.

 

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Todo empezó en la conferencia que dio Live It Out en la Universidad Mondragón México (UMx) en la que estudio, el apoyo incondicional que recibí de la universidad y como el Restaurante Arbidel fue el lugar correcto para tener el crecimiento profesional y personal que tuve en este último año.

 

 

Al llegar tuve la oportunidad de estar en el lugar que más me gusta en cocina que es la zona de montaje de platos, en donde me enseñaron los platillos y las preparaciones que tenía que hacer. Poco a poco me fui empapando de los platillos y la forma de montaje que había en el restaurante; aunque tengo que admitirlo si no hubiera sido por la jefa de sala, se me hubieran olvidado algunas especificaciones de queso.

 

 

También aprendí la velocidad con la que los platos tienen que salir, el proceso de un menú degustación, la delicadeza con la que cada platillo se trata y el gran nivel de presión que se maneja en un restaurante como este, pero lo más importante es no desperdiciar la oportunidad y tener actitud de aprendizaje y ganas de mejorar constantemente.

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Viví cosas increíbles que nunca pensé vivir. Empezando por el servicio de una boda y la enorme oportunidad de servir de cenar a los reyes de España en los premios princesa de Asturias.

 

 

Pase a sala, en donde la jefa me ayudo a conocer mucho del protocolo que existe en una estrella Michelin: como recibir a los clientes, cuidar los detalles, el estar al pendiente de todo. Era impresionante ver como si se caía una servilleta al otro lado del restaurante, ella lo notaba y como con el sonido de los cubiertos sabía si el comensal había terminado el plato. Lo más importante: el trabajo en equipo que había en el restaurante.

 

Aprendí de maridajes, un poco sobrevino español y de sidra (bebida típica de Asturias), a llevar el vino a la mesa y servirlo correctamente, a disponer de cubiteras y servilletas, el protocolo de las copas, etc. Conforme iban pasando los meses sentía que aprendía más y más, además de estar cada vez más acoplada al servicio y sentirme más segura con lo que hacía.

 

Hay dos cosas que recuerdo perfectamente. Al principio cuando llegué, me dijeron en cocina que no hay cocina como la del restaurante Arbidel, y en efecto no hay dos cocinas iguales, cada una tiene su magia y esencia, cada una se distingue por sus cualidades, y de esta cocina no podría estar más agradecida de todo lo que me enseñaron y aprendí.

 

 

La segunda es cuando al final me preguntaron qué fue lo mejor de mi año en el Arbidel: la respuesta sería que no cumplió con ninguna de mis expectativas, las supero en todo sentido. Me gusta aceptar que me retiré con la frente en alto por lo que pude lograr en el restaurante así como también agradezco como cada una de las personas que compartió tiempo conmigo está en mi corazón y en mi experiencia profesional, ya que a cada uno de ellos lo llevo como maestro. Y eso que estoy hablando de un año en el que el Covid 19 estuvo presente, que al final sin él no hubiera sido ni remotamente parecido.

 

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Agradezco también a la Universidad Mondragon México que en todo momento estuvieron al pendiente y apoyándome con papeles y tramites, pero sobre todo con porras.

 

A Live It Out ya que en todo momento estuvieron al pendiente de mi e hicieron que mi llegada, estancia y salida de España fuera mucho más tranquila y me sintiera más segura.

 

Los aprendizajes que viví en Ribadesella serán recordados en todo momento y digo con orgullo que fui parte del Restaurante Arbidel.

 

 

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